Después del revuelo y las reuniones, supongo que no está de más hacer una pequeña reflexión sobre el famoso manifiesto. Ese que hemos suscrito gran cantidad de blogueros. Y después de ver la reacción de la comunidad de internautas española, la verdad es que tengo una sensación un tanto agridulce.

Veamos. A mí me parece bastante grave que se abra la puerta a la censura por parte de un comité administrativo que, sin ir más lejos, pretende saltarse el Estado de Derecho. Más que nada porque creo que deberíamos tener fe en la justicia y en la separación de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Creo que tenerlos separaditos es buena idea. Ya sé que en la práctica no lo están tanto, pero la teoría es muy buena.

Y lo que me hace sospechar que se haya metido de clavo y de tapadillo esa referencia en la ley al órgano administrativo no es sólo que se haya hecho de tapadillo. También me hace pensar que últimamente los jueces parecen no estar por la labor de criminalizar a las páginas de enlaces. ¿Qué mejor forma de conseguir la criminalización que quitar de en medio a aquellos que, facultados para tomar este tipo de decisiones, no comulgan con las ruedas de molino? Y eso me parece gravísimo. Apartar a aquellos que están sobradamente facultados para decidir qué páginas se cierran y qué páginas no sólo porque están tomando decisiones que no están a favor de la industria me parece grave. Y sí, antes de que nadie pregunte, me parecería igual de grave que se hiciera si fuera al contrario. Los jueces están ahí para tomar este tipo de decisiones, nos gusten o no.

Creo, o quiero creer, que la gran mayoría de los que nos hemos adscrito al manifiesto lo hemos hecho con esta idea en la cabeza. Creo que el P2P, el modelo de negocio de la industria audiovisual, y el debate copyright vs copyleft son secundarios aquí y en el propio manifiesto. Creo que ese manifiesto no va con segundas intenciones. Pero supongo que en el fondo somos humanos, y todos, absolutamente todos, ante un texto escrito, leemos lo que queremos leer, y no lo que está escrito realmente. Quizá me haya precipitado al leerlo, pero aún hoy sigo sin ver esa reducción al P2P que bastantes blogueros ven en el manifiesto (ejemplo).

Sin embargo, leyendo el encuentro digital de David Bravo con los lectores de EcoDiario, tengo la sensación de que gran parte de la comunidad internauta sí ha hecho esa reducción. O al menos eso se desprende de la mayoría de preguntas. Porque entiendo que alguien que tenga un servidor de e-links se pueda preocupar por si le denuncian. Porque entiendo que sí, que es cierto, que este artículo de la ley ha nacido precisamente para intentar proteger al negocio audiovisual. Pero no entiendo que lo único que preocupe a muchos sea si pueden seguir o no bajando canciones del emule. Porque es que las implicaciones no son esas. Es que abrir la puerta a un control administrativo es peligroso, porque una vez abierta, no sabes qué te pueden colar. Lo mismo seguimos como hasta ahora, o lo mismo se empieza a denunciar a determinadas páginas sólo porque no gusta lo que dicen. No podemos saber lo que va a pasar. Pero sí sabemos que los humanos somos cabrones y nos gusta controlar lo que hacen los demás. ¿Que me estoy poniendo alarmista y paranoica? Pues eso el tiempo lo dirá. Me gustaría que fuera así, que en realidad el tiempo dijera que sí, que efectivamente, me pasé tres pueblos. Ojalá. Sin embargo, no hace falta ir muy lejos para ver hasta qué punto el permitir determinadas leyes conduce a situaciones de auténtica ciencia-ficción orwelliana.

Vaya por delante que me parece genial que existan detractores del manifiesto entre los blogueros. Más que nada porque, para elevar una voz crítica, ha tenido necesariamente que haber una reflexión previa. Reflexión con la que se puede o no estar de acuerdo, pero reflexión al fin y al cabo. Eso genera un debate y, al final, todo el mundo acaba con la misma opinión que al principio, sí; pero también con las ideas mucho más claras. Y eso es bueno.

La mayoría de las críticas se centran en:

  1. El manifiesto intenta decirle a la industria audiovisual cuál debe ser su modelo de negocio. Sin embargo, no creo que esto sea del todo cierto. Sí es verdad que el propio manifiesto menciona que el modelo actual de negocio está obsoleto y necesita renovación. Pero es que creo que es cierto: el modelo actual todavía está en fase de adaptación a las nuevas tecnologías. Yo no sé cuál es la solución que pueda salvar a los negocios actuales, pero sí creo que las vías de distribución tradicional, en soporte físico, acabarán por desaparecer. Y sí creo que es culpa de las distribuidoras, que han intentado explotar a la gallina de los huevos de oro y lo único que han conseguido es dejarla agonizante salvo, quizá, en el mercado editorial. Esto lo digo como antigua consumidora de música y cine (libros sigo consumiendo igual que antes). Tengo en casa una colección de vinilos, CDs, VHS, DVDs y casetes originales bastante amplia, pero también bastante antigua. Dejé de comprar cuando comprendí que las "ediciones baratas" de música y películas habían desaparecido. Antes, si no tenías dinero para el vinilo o el CD, te comprabas un casete. Si no tenías dinero para el DVD, te comprabas el VHS. La calidad no era la misma, pero pagabas lo que podías adquirir. Ahora no tienes elección, salvo en el caso de los libros (Nyarlathotep bendiga las ediciones de bolsillo). Y ojo, que las copias han existido siempre, no son algo nuevo. El problema es que se han unido dos factores: la subida brutal de los precios y la aparición de tecnologías que permiten hacer copias masivas fácilmente y a coste bajísimo. No sé, creo que esto se veía venir desde hace mucho, pero casi nadie ha movido un dedo para intentar adaptar su modelo de negocio. Y ahora ya es un poco tarde, porque sí, los distribuidores han pecado de avariciosos y egoístas; pero es que los consumidores también lo somos. Y entre pagar poco y no pagar nada por un mismo artículo, creo que no hace falta que diga por qué opción se decantaría una inmensa mayoría.
  2. El manifiesto intenta colar el P2P y el copyleft de clavo. En realidad no hay ninguna referencia al P2P ni al copyleft. Creo que las únicas referencias veladas a ambos que se podrían, en todo caso, encontrar (y eso ya rizando un poco el rizo) son solamente para decir que P2P y copyleft existen. Yo no creo que el manifiesto le esté diciendo a los creadores que tienen que regalar sus creaciones. De hecho no creo que copyright y copyleft sean excluyentes entre sí. No sé, puede que sea mi opinión, pero pienso que este manifiesto no está atacando a aquellos creadores que quieren ganar dinero con sus obras. En realidad, a quien reprocha su actitud es a los intermediarios. Y pienso que todo modelo de negocio está sujeto a cambios. El consumidor, como tal, suele exigir una serie de derechos. Y, sobre todo, al consumidor le gusta elegir. Al consumidor le encanta la variedad: elegir cuándo ver una película, si quiere jugar a un videojuego en el idioma original o doblado, si quiere sólo una canción o todo el disco entero. Pero resulta que muchos videojuegos vienen doblados, las películas se descatalogan a una velocidad de vértigo, y los discos se venden enteros o con singles que traen varias canciones. En el cine, las distribuidoras obligan a las salas a comprar paquetes de películas y a emitirlas todas, y aunque haya alternativas más atractivas para los espectadores, al final la oferta se reduce de forma artificial. También se intenta obligar a las salas a emitir un número mínimo de películas nacionales al año, con lo cual la oferta se reduce de forma artificial todavía más. Y a lo mejor se quedan fuera de proyección en un cine y ciudad películas deseables desde el punto de vista de los espectadores (aquí en Alcalá, por ejemplo, sólo hay un cine; no es la primera vez que no voy al cine porque la película que quiero ver no se estrena en Alcalá). Se acusa a los usuarios de intentar entonces obtener gratis todas estas obras. Pero es que no son gratis. Y la alternativa de negocio está ahí, al alcance de cualquiera. Sólo que es más fácil acabar cobrando más al consumidor y punto.
  3. El manifiesto intenta expulsar a los políticos de la propia red. Tampoco creo que esto sea del todo cierto. Creo que el manifiesto defiende la neutralidad de la red; de hecho, lo especifica claramente. Creo que el manifiesto trata precisamente de mantener la información abierta a cualquier tipo de orientación política. No se trata de un "políticos, no metáis las narices en nuestros asuntos en la red". Se trata de un "no convirtáis el acceso a la información en la red en un nuevo Cuba o en una nueva China".
  4. El manifiesto equipara "cultura libre" con "cultura gratis". Tampoco creo que el manifiesto defienda esta idea. Lo que sí reclama es una revisión de las actuales leyes de propiedad intelectual. Últimamente estamos viendo cómo se está reclamando a determinadas instituciones, e incluso a pequeños negocios, un dinero por tener la radio puesta mientras los empleados trabajan, o por representar una obra o tocar una melodía durante las fiestas patronales. Entiendo que las gestoras de derechos de autor velen por sus socios. De verdad que lo entiendo. Pero si me pongo a pensar cuántos dichos populares están recogidos en obras sujetas a derechos de autor, o incluso cuántos han podido salir de obras clásicas, me echo a temblar. Como empiecen a cobrarnos por cada refrán que soltemos, apaga y vámonos. De todas formas, la cultura no deja de ser el conjunto de conocimientos que cada cual tiene en muchísimos campos, no sólo audiovisuales, y que permiten a la persona emitir juicios críticos y de valor. La música actual, el cine actual, los comics, los dibujos animados, el anime, la música clásica, la literatura, la prensa, las mejores formas de conseguir cocer unas alubias sin que se ablanden, etc., pueden y deben en este sentido considerarse cultura. Hay cosas que se aprenden día a día, pero no todos los días puedes leer un determinado libro o ver una película. Las instituciones públicas deberían velar para facilitar el acceso a determinados bienes considerados culturales: bibliotecas y ludotecas públicas, museos públicos, etc. Que al ser públicos en realidad ya estamos pagando a través de impuestos. Con subvenciones públicas en muchos casos que también estamos pagando a través de impuestos. Y me parece bien. Quiero decir con esto que la cultura no es gratis para nadie. En cuanto a la propiedad intelectual... pues tiene muchas diferencias respecto de la propiedad industrial (que es en parte mi campo). Los derechos de propiedad intelectual tienen una duración mucho mayor a los de propiedad industrial; las patentes, por ejemplo, pasan al dominio público al cabo de 20 años. Que son muchísimos como para rentabilizar la inversión realizada. La propiedad intelectual tarda muchísimo más en pasar a dominio público. Tal vez la solución para proteger al autor no sea prolongar durante años y años la duración de los derechos. O tal vez sí. Pero reflexionar sobre ello no le va a hacer daño a nadie ¿verdad? Entonces ¿por qué no se hace?

No sé si lo he enfocado de forma adecuada o no, pero estos son mis motivos para defender el manifiesto de las críticas que recibe. Pero no son, en ningún caso, el motivo fundamental por el que lo suscribí. El motivo es que no me fío de órganos administrativos que están puestos ahí, a dedo, por un partido político, y que otro partido puede cambiar a voluntad. No me fío de la objetividad a la hora de juzgar de ese organismo. No me fío de su forma de evaluar. No me fío de lo que puedan hacer en el futuro. Pero sí me fío de los jueces, que aplican sus decisiones con la ley en la mano. Quizá he mirado algunos puntos desde la óptica inadecuada. Quizá he pecado de buena voluntad y he visto intentos conciliadores donde no los había. Pero es mi opinión y le pasa lo mismo que a mi culo: puede que ambos no sean los mejores del mundo, pero yo los tengo en mucha estima.

Que nadie se corte en dejar su culo opinión en los comentarios.